Se acerca el Bicentenario. El año 2010 se cumplirán 200 años de la primera Junta de Gobierno en Chile. Como ya podemos ver, la clase política, el mundo empresarial y los medios de comunicación masiva celebrarán esta fecha como una verdadera fiesta. Se abrazarán entre ellos y gritarán a los cuatro vientos lo que han hecho con nuestro país durante todos estos años. Probablemente nos dirán que se han dejado atrás las diferencias del pasado. Que hemos crecido como país. Que vamos rumbo al desarrollo. Que hemos superado la pobreza. Que las instituciones funcionan. Que hemos crecido con igualdad. Que están con nosotros…
Seguramente, los políticos se vanagloriaran de lo que con descaro llaman democracia y nos invitarán a seguir prestando nuestro silencioso y triste consentimiento para que ellos sigan dirigiendo nuestras vidas, obligando a las chilenas y chilenos a vivir en una sociedad donde nadie, excepto ellos -los poderosos-, tiene derecho a decidir cómo quiere vivir.
Mientras tanto, las chilenas y chilenos comunes y corrientes seguiremos donde mismo. No cambiará el sistema económico Neoliberal, donde solo importa la ganancia y el lucro. Continuará el saqueo del Cobre, la depredación de nuestros recursos naturales, una Educación cuyo motor es el lucro, un sistema de salud donde para sanar hay que pagar millones de pesos, la institucionalidad de la Constitución de 1980, el sistema de AFP, la desprotección de los trabajadores, etc.
En el Bicentenario, es hora de decir ¡NO! Señores políticos, señores empresarios: No nos gusta el país que han construido, no nos gusta como han vendido nuestros recursos naturales ni sus acuerdos entre cuatro paredes para proteger la inversión extranjera y los privilegios que a costa de todo un país han ganado. ¡Diremos que no!.
Pero también podemos decir que SÍ. Digamos que sí a nuestros sueños, a nuestros proyectos, a las ganas de otra sociedad posible. Diremos que si a la necesidad de articularnos para cambiar el mundo.
La idea es que generemos un espacio donde la sociedad civil pueda proponer un nuevo país. Que sea construido a mano por todos y quienes quieran hacerlo. La invitación es a generar un espacio de diálogo desde abajo, donde la ciudadanía en general, junto a los movimientos sociales, piensen el país que quieren, desde sus propias necesidades e inquietudes, sin importar lo que digan los políticos ni los expertos en ser expertos.
La invitación está hecha…
Seguramente, los políticos se vanagloriaran de lo que con descaro llaman democracia y nos invitarán a seguir prestando nuestro silencioso y triste consentimiento para que ellos sigan dirigiendo nuestras vidas, obligando a las chilenas y chilenos a vivir en una sociedad donde nadie, excepto ellos -los poderosos-, tiene derecho a decidir cómo quiere vivir.
Mientras tanto, las chilenas y chilenos comunes y corrientes seguiremos donde mismo. No cambiará el sistema económico Neoliberal, donde solo importa la ganancia y el lucro. Continuará el saqueo del Cobre, la depredación de nuestros recursos naturales, una Educación cuyo motor es el lucro, un sistema de salud donde para sanar hay que pagar millones de pesos, la institucionalidad de la Constitución de 1980, el sistema de AFP, la desprotección de los trabajadores, etc.
En el Bicentenario, es hora de decir ¡NO! Señores políticos, señores empresarios: No nos gusta el país que han construido, no nos gusta como han vendido nuestros recursos naturales ni sus acuerdos entre cuatro paredes para proteger la inversión extranjera y los privilegios que a costa de todo un país han ganado. ¡Diremos que no!.
Pero también podemos decir que SÍ. Digamos que sí a nuestros sueños, a nuestros proyectos, a las ganas de otra sociedad posible. Diremos que si a la necesidad de articularnos para cambiar el mundo.
La idea es que generemos un espacio donde la sociedad civil pueda proponer un nuevo país. Que sea construido a mano por todos y quienes quieran hacerlo. La invitación es a generar un espacio de diálogo desde abajo, donde la ciudadanía en general, junto a los movimientos sociales, piensen el país que quieren, desde sus propias necesidades e inquietudes, sin importar lo que digan los políticos ni los expertos en ser expertos.
La invitación está hecha…




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